Hace cuatro años publicaba un libro: «Experiencias en grupo e innovación en la docencia universitaria». Ese libro era producto de un gran proyecto, con el Grupo de Colaboradores, que me ayudaron a configurar un proyecto de innovación educativa, que hoy en día ha dado lugar a otras opciones más complejas y avanzadas. En último extremo, las cosas se organizan a partir del tipo de educación recibida, sea en las aulas, en la familia o en la calle. Contribuir a que la educación se haga más compleja y más diversa, más participativa, más cercana, más grupal, más integrada y sobre todo, más adaptada a las necesidades latentes del ser humano, es un buen punto de partida. Si educamos de una forma, seremos de una forma …… Los procesos de aprendizaje son decisivos en nuestra vida y en nuestra sociedad. Bueno, pues por ahí empecé a disfrutar del mundo de la innovación. El libro fué su corolario, cuando ya había detrás más de quince años de experiencias, sin ningún «ruido». Entonces, pensamos que podía ser razonable explicar nuestra experiencia. Y así lo hicimos en ese libro. Quería aquí recuperar el prólogo del libro. Saben Uds. que un prólogo se hace una vez finalizado el cuerpo y las conclusiones y hasta los anexos de un trabajo para publicar. Por tanto, expresa muchas veces sintéticamente lo que se quiere y se busca, lo que se pretende, en lo que se ha fracasado y en el horizonte donde nos gustaría encontrarnos. En fin, por qué, para qué, cómo y qué se entrelazan en un prólogo. A mí siempre me gustó este prólogo sobre Sherezade, porque es una figura literaria extraordinariamente rica y que influyo en mi educación y en parte, en mi vida. Ahí va: «Aprendiendo de la experiencia y de la vida»

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